lunes, 16 de enero de 2017

El suicidio por bullying de Lucía de 13 años enluta a España.

Lucía (13) junto a sus padres Joaquín y María Peligros durante la fiesta de su último cumpleaños.

Lucía tenía 13 años, estudiaba 2º de ESO en un instituto murciano y el martes se suicidó en su domicilio de la pedanía de Aljucer, según han informado fuentes policiales. 

Investigación judicial:

La Policía Nacional investiga su suicidio al considerar que la niña, presuntamente, sufría acoso escolar o bullying desde hace años. Joaquín y María de los Peligros, padres de la menor han declarado como también un profesor, iniciándose así una ronda de comparecencias que se extenderá a otros miembros de la comunidad educativa.
El Grupo de Menores de la Policía investiga el acoso que pudo haber sufrido la niña durante años, la que según personas de su círculo familiar y de amistades, le llamaban repetidamente:

               "fea y gorda"

y de qué manera esto pudo haber lastimado su autoestima llevándola a cometer suicidio. 

No había denuncias policiales previas pero sí reclamos al instituto anterior:

Aunque no constaban denuncias policiales por parte de la familia, ésta sí puso los hechos en conocimiento del centro en el que Lucía había cursado estudios anteriormente en Murcia. A raíz del bullying que sufría había cambiado de instituto y desde hacía tres meses estudiaba en el instituto IES Cascales, en el centro de la ciudad.

La familia cambió a Lucía de colegio por el bullying:

La familia consiguió el traslado en el mes de mayo de 2016, aportando informes psicológicos, tras enterarse de las presiones que sufría la menor en el IES Ingeniero de la Cierva, en la pedanía de Patiño. Según ha explicado la Consejería de Educación y Universidades, en aquel momento el protocolo "se activó, se investigó y se tomaron decisiones en colaboración con la familia, que solicitó el cambio de centro educativo y éste se realizó".

El cambio de colegio de Lucía:


Ya en el nuevo centro,
 fue una limpiadora la que, antes de las fiestas navideñas, encontró una carta de despedida que entregó al director del colegio y éste a la madre de Lucía. Fue también la madre la que se encontró a su hija ahorcada en su habitación.

La carta de despedida de Lucía:

Por razones judiciales es imposible reproducir la total de la esquela de despedida de Lucía pero si logramos autorización para reproducir la siguiente frase que literalmente hiela la sangre:



Joaquín y María de los Peligros piden que se haga público el caso:

Desde el tanatorio en el que ayer fue incinerada la menor, su familia ha pedido que se hagan públicos casos como el de Lucía. Una de sus tías ha avanzado que, en los próximos días darán una rueda de prensa para "alertar de estos casos de acoso y que no les pase a otros niños". 


La Consejería de Educación y Universidades lamentó ayer "enormemente" el fallecimiento de la menor y expresó su "máxima colaboración" con la investigación. 

La palabra de la Consejería de Educación de Murcia:

"Ellos y la justicia son los encargados de determinar lo que ha pasado", considera la Consejería que, por esta razón, dice no poder dar detalles al respecto. "No tenemos que entorpecer a la justicia; se trata de un tema de menores y todos tenemos que mostrar el máximo respeto y apoyo a la familia, los amigos y la comunidad educativa", han manifestado.
"Siempre se protege al alumno que pueda verse afectado, y las decisiones se toman con su colaboración y con la de las familias", añadieron. En cualquier caso, también explicaron que la comunidad educativa "cuenta con un sistema para auxiliar a las supuestas víctimas con protocolos detallados y la colaboración de los expertos y profesionales de la Consejería de Educación".

La Palabra de Bullying Sin Fronteras:

"Cada día que pasa el bullying o acoso escolar crece en América y Europa y francamente no vemos que las autoridades educativas tomen el asunto con la seriedad que corresponde. Hoy lamentamos la tragedia de Lucía y de sus padres Joaquín y María de los Peligros en Murcia pero ayer ocurrió lo mismo en Cancún, México en Buenos Aires o Miami. Bullying Sin Fronteras trabaja las 24 horas del día los 365 días del año en prevenir el cáncer social del bullying y el ciberbullying (acoso en las redes sociales e Internet), y estamos logrando avances importantes pero cada caso como el de Lucía nos deja devastados porque sentimos que una vez más hemos llegado tarde. Sin embargo estamos trabajando con más ahínco que nunca en que este dos de mayo, Día Internacional de Lucha contra el Bullying o Acoso Escolar, la efemérides llegue hasta cada rincón del planeta y que de ese modo todos los niños y adolescentes que se sientan afectados por el bullying y el ciberbullying sepan que no tienen culpa alguna de nada ni que su imaginación les está jugando una mala pasada sino que son atacados en forma coordinada por causicriminales que buscan su mal y el de su familia y lo más importante de todo; queremos que todos los niños y adolescentes que padecen bullying en el mundo sepan que no están solos, que hay miles de colaboradores en todas partes que pueden darles una mano y ayudarlos a ganar la batalla contra el bullying", dijo el Dr. Javier Miglino, Experto en Asuntos de Derechos Humanos y Protección de la Niñez y fundador de Bullying Sin Fronteras.

Joaquín y María de los Peligros en su hogar de Murcia junto a una foto de Lucía.

Aljucer, una pedanía de la periferia de Murcia. Son las dos de la tarde de este viernes. El matrimonio formado por Joaquín y María Peligros, cabizbajos pero enteros, abre la puerta de su casa en la calle Antonio Pujalte. Se trata de un piso modesto en la primera altura de un pequeño edificio. Pese a que afuera luce el sol, dentro todo son sombras.

Joaquín y María Peligros son los padres de Lucía, la niña de 13 años que la tarde de este pasado martes se suicidó en su propia habitación. Su madre la encontró sin vida en torno a las 19 horas. La adolescente se había ahorcado con una correa lanzándose desde una litera. Se sentía acosada por varios excompañeros de instituto y no aguantó más. Es la última víctima mortal a causa de bullying en España.

Lucía anunció su suicidio tres semanas antes. Fue el pasado 21 de diciembre, el mismo día que empezó las vacaciones de Navidad. Una limpiadora del Instituto Cascales -donde estudiaba desde mayo de 2016 después de que sus padres solicitaran el cambio de centro debido a que varios compañeros de la niña la insultaban y la agredían en otro instituto- encontró tirado en el suelo un escrito a modo de carta de despedida.

La madre, con gafas oscuras que cubren unos ojos llorosos, y detrás de un retrato de su hija que reposa sobre la mesa de su comedor, cuenta lo que decía aquella misiva: “Me siento sola (…) No quiero hacer sufrir a nadie de mi familia (…) Si queréis verme, tendréis que visitar mi tumba”.

Lucía cumplió su palabra. Aunque el centro le trasladó aquella carta a los padres, la niña encontró en su casa el final de su corta existencia. Este jueves la incineraron y en la mañana del viernes, tras recoger sus cenizas, la han enterrado en el cementerio de Alcantarilla (Murcia). Allí descansa ahora junto a los restos de sus abuelos maternos.

María Peligros Menárguez es la madre de Lucía, una niña brillante y estudiosa. Cuenta que le gustaba el manga, la lectura de los libros de Harry Potter y cambiarse el color de pelo a menudo. Su marido, Joaquín García, es el padrastro de la niña. Ambos comenzaron a vivir juntos cuando Lucía, fruto de una relación anterior de María, aún era “muy niña”. Joaquín, contable, la crió como si fuera hija de su propia sangre.

“Sólo queremos que lo que le ha pasado a nuestra hija –dice él– sirva para que ningún otro niño se quite la vida a causa del acoso de sus compañeros”. Su madre, entre lágrimas, asiente. Luego, ya recompuesta, relata el sufrimiento de Lucía.

“DAS ASCO, GORDA, FEA”

Lucía comenzó a sufrir el acoso de varios compañeros (sobre todo, de dos, R. y D.) cuando dejó el colegio de Aljucer y pasó a estudiar el primer curso de la Educación Secundaria en el Instituto Ingeniero de la Cierva. Fue en septiembre de 2015. Desde aquella fecha hasta mayo del año siguiente, a la niña la zarandeaban a diario en el autobús que la llevaba al centro o le insultaban en clase llamándole “gorda” y “fea”, o diciéndole “das asco”. Aunque esos dos chicos eran quienes más la acosaban, éstos movían a muchos más compañeros para que se sumaran.

Los padres se enteran del abuso:

Los padres de Lucía conocieron el trance por el que estaba pasando su hija en mayo del año pasado. Un día festivo, cuando María Peligros y Joaquín le propusieron salir a dar una vuelta, ella se negó, comenzó a llorar y contó el calvario al que le tenían sometida varios compañeros de clase. “Nos lo había ocultado todo. La niña no se comía el bocadillo siquiera… Había interiorizado aquello que le decían esos niños”, cuenta su madre, que trabaja en un Eroski de Murcia.

Durante el curso escolar que padeció bullying, la niña se fue apartando de los compañeros de clase y recluyéndose en sí misma. Sólo se desahogaba en un diario que los padres le encontraron cuando les explicó que era víctima de acoso en su centro de estudios. En él, la niña decía que se sentía sola o que “la vida no tiene sentido”. “Le decían –cuenta la madre– que era la marginada de la clase. Escribía que la única vía para acabar con aquello era quitarse la vida. Eso lo leímos de su puño y letra”.

Los padres hacen la denuncia de bullying en el centro educativo:

Tras escuchar a Lucía, sus padres acudieron al instituto de su hija y pidieron que se tomaran medidas. El centro expulsó a uno de los dos niños durante cinco días. Al otro, tan sólo uno. Pese a que María y Joaquín solicitaron el cambio de instituto con carácter urgente, la jefa de estudios les dijo que el protocolo lo impedía y que ya no podía hacer nada más. Entonces, ellos acudieron a la Consejería de Educación de la Región de Murcia, donde recibieron la misma respuesta.

Pero los padres de la niña amenazaron con hablar ante los medios de comunicación y con acudir a la Policía. Entonces, el gobierno autonómico envió a la niña al Instituto Cascales, donde se sintió más tranquila y segura. Lucía comenzó tratamiento psicológico y empezó a tomar medicación. Pero el martes se quitó la vida en su propia casa. Cerró la puerta de su habitación y ya no volvió a salir con vida.

“VOY A PROBARME ROPA, MAMÁ”

En el comedor de su casa, mientras Joaquín le acaricia su mano izquierda, María Peligros recuerda las últimas palabras de su hija. Por la mañana, la niña había ido a terapia de grupo junto a otros niños murcianos víctima de acoso. Después de comer se encerró en su habitación a estudiar. Joaquín se marchó y María Peligros, a la que le dolía la cabeza, se tomó una pastilla contra el dolor y se tumbó en el sofá.

A mitad de tarde, la niña salió de su cuarto y le dijo: “Mamá, voy a probarme ropa”. Su madre se confió y se durmió un rato. Al despertar se dio cuenta de que no escuchaba a Lucía. Al abrir la puerta, la encontró muerta. “Es un sufrimiento indescriptible”, dice este viernes.

Qué falló?

¿Qué ha fallado en el caso de su hija?, le pregunta el reportero. “El protocolo de actuación del instituto Ingeniero de la Cierva. Allí deberían haberle prestado mucha más atención y se debería de haber actuado con mayor contundencia contra esos chicos. Cuando una niña cuenta algo así hay que hacer más cosas. No se puede expulsarlos (por unos días) y ya está. Encima tuve que amenazar a la Consejería de Educación para lograr que la cambiaran de centro”, responde la madre.

La madre de uno de los agresores increpa en la calle a María de los Peligros:

María Peligros recuerda que, tras explicarle a la dirección del anterior instituto de su hija lo que le estaba sucediendo a Lucía y dar los nombres de sus acosadores, se encontró por la calles a uno de ellos, que iba junto a su madre. La señora, en vez de asumir la culpa de su hijo, le recriminó a María Peligros que aquello suponía “una mancha en el expediente académico” de su niño.

“Le protegía en vez de recriminar su actitud –dice la mamá de la niña que se suicidó–. No lo entiendo. Los padres hemos de ser los primeros en responsabilizar a nuestros hijos de sus propios actos”. En su actual instituto, Lucía parecía haber encontrado “la luz”. Había encontrado algunos amigos y formaba parte del coro y del grupo de teatro. Además, hacía un programa de radio junto a varios de sus nuevos compañeros. “Pensábamos que estaba saliendo del abismo en el que estaba”, asegura el padrastro. Pero no fue así. 

Ahora, tras la muerte de Lucía, la Fiscalía de Menores ha abierto diligencias para investigar el caso y tratar de constatar la existencia de acoso escolar. Minutos antes de que este periodista visite a sus padres, la Policía Nacional se lleva varios discos duros y objetos personales de la niña. Pero las pesquisas ya no devolverán a Lucía, que para Reyes no pidió ningún regalo material. "Sólo quiero ser feliz, mamá”, le dijo a María Peligros. “Con eso me basta”.

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