domingo, 3 de septiembre de 2017

El suicidio por bullying de Lara Tolosa. Crónica de una muerte anunciada.

Julissa Erretegui, mamá de Lara Tolosa, accedió a una charla con Bullying Sin Fronteras.

La imagen de Lara está presente en cualquier rincón de la casa de City Bell. Según Julissa, su mamá, durante toda su infancia, Lara mantuvo un espíritu colorido, festivo. Sin embargo en los últimos dos años, el bajón anímico de la adolescente empezó a verse reflejado en sus ilustraciones.


El cambio radical en los dibujos se vio acompañado por un vuelco en la bibliografía y en un proceso de introspección definido: en el último año el único deseo de Lara en su tiempo libre fue permanecer encerrada en su cuarto, delante de su computadora y metida en internet. 

"Me empezó a desafiar con temas que nunca antes había tocado. Empezaba a sacar cosas de internet, se notaba que eran discursos empaquetados, muy armados, que se repetían".

"Las redes sociales y los jóvenes representan un nexo que los adultos todavía no pudimos interpretar. Seguimos muy alejados y tenemos que empezar a hacernos cargo, a vincularnos con lo que realmente pasa en internet. No estamos dándonos cuenta de lo peligroso, de lo grande, de lo influyente que es eso para los pibes", se lamenta. Y continua: "Lara tenía todo con clave y yo me esmeré en respetarle su privacidad. Ella quería tener su vida privada. Hoy me siento totalmente responsable de no haber visto lo que consumía en las redes".

Julissa logra rememorar anécdotas con Lara con una sonrisa reluciente y hasta con un tono festivo. Por momentos recurre a diarios personales y dibujos de su hija y los rememora con humor. Hay una necesidad latente de volver a traer a escena esas épocas en las que coloreaba las hojas de fucsia, rosa, naranja flúo y turquesa. Aquellos años en los que las inquietudes recaían en el deseo de comprarse un buzo marca GAP o conseguir helado en polvo en Carrefour en pleno verano.


"Yo tuve a Lara a mis 21 años. Y tenerla de tan joven fue lo mejor que me pudo pasar. Si bien nunca fuimos amigas y siempre estuvo establecido el rol de cada una, la cercanía generacional nos hizo estar muy unidas durante los 15 años", relata Julissa con entereza, voz firme y orgullo.
"Lara era divertida, graciosa, creativa y precisamente en lo social no había tenido jamás ningún tipo de problemas. Yo pongo la bisagra en nuestra vida desde hace unos dos años. Ahí empezaron a aparecer situaciones que me hicieron preocuparme con su estabilidad emocional", Julissa habla sentada en uno de los cabezales de la mesa. De fondo, en la pared hay cuatro portarretratos de su hija. Se produce una escena que conduce desde la culpa al refugio.
Después de pasar por el pequeño colegio Albores, Lara llegó -a inicios de 2016- al Nacional de La Plata, el mismo colegio del que había egresado su madre. "Lara no quería ir al Nacional y siempre me lo dejó en claro. La primera semana, me dijo:

'Mamá, esto es una selva. Acá hay un bullying terrible, son todos unos forros. No se respetan entre los compañeros ni a los profesores. No es algo contra mí, pero en general se vive algo terrible'.


Los problemas de adaptación al nuevo colegio persistieron. Julissa dice que durante 2016 acudió en dos oportunidades al Nacional para tratar las dificultades de integración de su hija al grupo. En las dos ocasiones, según su relato, tanto un preceptor como una psicopedagoga de la institución hicieron referencia a unas "figuritas terribles" dentro de la clase y le ofrecieron cambiar a su hija de curso. Lara, que había logrado consolidar un vínculo íntimo con otra chica nueva de la clase, no quiso saber nada con un nuevo cambio.

Lara nunca terminó de revelar lo vivido y sufrido en el colegio, pero para su madre dejó un mensaje claro para la institución: "Lara tuvo la posibilidad de hacer lo que hizo en la casa de su padre, que era grande, con dos pisos, con espacio, con la tranquilidad que ese lugar te ofrece, era todo más cómodo. Y aún así ella eligió poner un arma en su mochila, con todo el riesgo que eso conlleva, dirigirse al colegio y tirarse un tiro delante de todos sus compañeros. Es algo que para mí no se puede pasar por alto. No lo hizo en la casa del padre, lo hizo en el Colegio Nacional".

"Ella está diciendo mucho con eso. Estaba manifestando un enojo muy grande contra un lugar que tenía que haber sido su lugar de pertenencia. Un lugar en el que un chico pasa seis horas por día y en una gran medida implica su universo. El colegio es el universo del pibe. Uno, como adulto, se maneja de otra manera. Deja un trabajo, empieza otro, tiene amigos de la vida, con los que compartió diferentes etapas. Tiene otras herramientas para irse del lugar en el que no se siente bien. Un pibe no tiene esa posibilidad".

La misma mañana del trágico hecho, Lara les avisó a sus dos únicas amigas que no fueran a la primera clase porque iba a faltar la profesora. No quería que presenciaran su muerte. Dejó también sobre el televisor la llavecita de su "caja de deseos y tesoros personales". Y, además del mensaje dedicado a sus compañeros encontrado dentro de la mochila, escribió una extensa nota de suicidio en un cuaderno que dejó en la casa de su mamá. "En esa carta la sentí fría y muy decepcionada. La noté muy sola y eso realmente me destrozó".

Después del hecho, Julissa desmontó la habitación de su hija y regaló algunas de las pertenencias a los amigos de la adolescente.

Julissa guarda en un colgante el primer diente de leche que se le cayó a su hija

"Hoy siento que subestimé el deseo de Lara de estar en otro colegio. Me arrepiento de eso, honestamente. Obviamente, no voy a decir que la causa de lo que decidió Lara fue por culpa del Colegio Nacional, bajo ningún punto de vista. No hay una causa específica cuando uno toma esa decisión. Es muy difícil entenderlo. Creo que yo tenía que haber pedido ayuda de un profesional para ver cómo trabajaba ese tema con Lara. Consideré que mostrándole mi mirada, de que el anterior colegio no era el lugar que elegimos, iba a ser suficiente. Y yo elegí correrme y correrla. Y en el fondo hay una mirada exclusivamente adulta en eso".

"A mí me sostuvieron mis amigos y mi familia. Desde ese día hasta ahora, que me siento un poco más armada. A mí me agarraron mis afectos y me cuidaron. Cada uno extirpó un poco de dolor. Y me di cuenta de que hay muchas razones para seguir adelante. Justamente es una paradoja con lo que Lara denuncia. Ella denunció haberse sentido sola, no caber. Y hay una contradicción tan grande con lo que yo siento que construí con mi entorno, que son lazos verdaderos y muchos… Estuve tan en contraposición con lo que le sucedió a Lara".

El bullying nos está matando a todos:

"Cada semana debemos afrontar la muerte de al menos dos chicos en América Latina. Incluso a veces son más. Nadie está preparado para afrontar la muerte por suicidio de un joven o de un niño o aún peor por homicidio, como ocurre cuando uno o varios compañeros de escuela asesinan a aquel o aquella que estaba sentado junto a ellos en el aula. Sin embargo, poco a poco, creo que estamos ganando la batalla desigual contra el acoso escolar. Ya nadie puede ocultarlo e incluso cuando ridículamente me preguntan en algún medio, 

'- por qué tanto alboroto, si bullying hubo siempre, siempre hubo cargadas, golpes y acoso. Por qué Bullying Sin Fronteras sale tan fuerte a denunciar estas situaciones? -'.

Mi respuesta siempre es la misma: '- Simple. Porque el bullying hoy mata. ¿Acaso si supiéramos que una simple gripe se ha vuelto letal no saldríamos todos a pedir ayuda? ¿A exigir que el estado nos proteja. ¿A formar médicos para curarnos? Bueno, el acoso escolar o bullying hoy está matando a nuestros chicos. Por eso ante la ausencia de muchos, toda la gente que hace Bullying Sin Fronteras tiene que salir a defenderlos".
Dr. Javier Miglino. Fundador de Bullying Sin Fronteras.  
ONG INTERNACIONAL BULLYING SIN FRONTERAS






















































































































































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