domingo, 24 de septiembre de 2017

La ansiedad es la enfermedad mental número uno en Buenos Aires.


La ansiedad ya es la enfermedad mental más citada por los porteños, por delante de la depresión.

La ansiedad es el mecanismo que posee nuestro organismo para estar alerta ante cualquier posible peligro. Para, como dicen los ingleses, fight or flight. Luchar o huir. La comunicación que desde la amígdala, en el cerebro, se envía al resto del cuerpo -músculos en tensión, incremento del ritmo cardiaco, respiración más intensa- para que se prepare. Para sobrevivir, en definitiva. Sin ansiedad seríamos una nota a pie de página en la teoría de las especies de Darwin.
El problema es cuando no asociamos la ansiedad con ese mecanismo de reacción. Cuando se prolonga en el tiempo sin que exista una amenaza real y se convierte en una patología. Hoy sabemos que hay personas con mayor predisposición a sufrirla por cuestiones genéticas. También que el entorno social puede provocarla. Basta con caminar un poco entre motochorros, trapitos, vendedores ambulantes, arrebatadores, AFIP, colectivos y taxis por Buenos Aires, para tener una idea cabal de lo que significa. Pero durante los últimos años, en particular desde el 2001 a la fecha, la ansiedad ha trascendido la puerta de las consultas médicas hasta convertirse en una epidemia social en Buenos Aires.

Nunca antes había habido tantos episodios de ansiedad, tan visibles ni de los que se hablase tanto. La población de Buenos Aires es líder en consumo de ansiolíticos: al menos una de cada 10 personas sufre estos síntomas, según la OMS. De acuerdo con las últimas encuestas, la ansiedad ya es el problema mental más citado por los porteños. Y no sólo es un motivo de preocupación sanitaria: este mal -y sus consecuencias- nos cuesta el 2% del PIB anual de la Ciduad de Buenos Aires por ausencias laborales, accidentes, internaciones, consultas médicas, tratamientos psicológicos, etc.

Si la depresión fue el mal del cambio de siglo, la ansiedad se ha convertido en la enfermedad de nuestra era. Hoy vivimos en la Buenos Aires del alprazolam.
Si está leyendo esto y asintiendo afirmativamente, caben dos opciones: o es usted del club de los que la sufren -o la ha sufrido- o es de los que ha escuchado a amigos hablar de sus problemas con ella, algo cada vez más habitual. Algún allegado se ha ofrecido a contarle cómo gestionó sus problemas de ansiedad, un amigo le ha explicado cómo empezó a correr porque era la única forma en la que controlaba, otro le ha recomendado un libro sobre meditación, etc.


En los últimos años hablamos más sobre los problemas de ansiedad y lo compartimos, como se habla de los dolores físicos. Se ha producido, además, una notable visibilidad y socialización de la enfermedad. Basta acudir a una librería para comprobarlo, decenas de títulos se aglomeran sobre las estanterías y anaqueles. La mayoría habla de como combatir la ansiedad.

El detonante en el sector fue el libro que en 2014 publicó el periodista Steve Stossel, director de la revista The Atlantic. En Ansiedad: miedo, esperanza y la búsqueda de la paz interior (Ed. Seix Barral), Stossel no sólo hace un divulgativo recorrido por este trastorno y por cómo sólo se ha empezado a estudiarlo realmente en las últimas dos décadas, sino que narra su propia experiencia. Un paciente con un caso severo de ansiedad combatido a lo largo de su vida sin éxito con todo tipo de tratamientos y fármacos. Un periodista prestigioso obligado a tomarse un batido de pastillas y whisky, hasta llegar casi a la inconsciencia, para poder hablar en público.
El de Stossel no ha sido el único testimonio similar. También han contribuido a la visibilidad de estos problemas numerosos personajes famosos que han hablado abiertamente de ello. La actriz Lena Dunham, de 31 años, es uno de los mejores ejemplos: no solamente ha contado que la ansiedad le ha seguido a lo largo de su vida «como una mala amiga que reaparece para vengarse cada vez de una forma diferente», sino que además escribió, protagonizó y dirigió durante siete temporadas la exitosísima Girls, la serie en la que la protagonista también la sufre.

Juguetes contra la ansiedad:

El Presidente Mauricio Macri. Otro adicto al spinner.


Desde los Estados Unidos de América se ha extendido al mundo el sorprendente éxito del juguetito fidget spinnerEsta hélice con tres ruedas que no hace otra cosa que girar fue originalmente pensada como una herramienta de focalización para casos de déficit de atención, de autismo o de ansiedad. Hoy se vende por millones, primero entre los niños norteamericanos y ahora en Argentina.

El resultado: Más ansiedad.

El resultado de todo esto es que la ansiedad se ha revelado como otro de los males del siglo XXI como el bullying y el mobbing: tanto por su prevalencia como por su creciente visibilidad y la reducción de ese tabú que suponía, del estigma social de estar mal de la cabezaEn Google Argentina se busca hasta 10 veces más el término ansiedad que depresión. Y desde 2011 los temas relacionados con esta también superan con creces en búsquedas a los que tienen que ver con la depresión, que era la enfermedad mental por excelencia y la primera que empezamos a compartir públicamente.
Algunos ya hablan de los millennial como la generación ansiosa, por el incremento que ha tenido en los jóvenes. En Estados Unidos, Lena Dunham es el paradigma. Allí las estadísticas muestran a la generación menor de 30 años más ansiosa de las últimas ocho décadas. Pero también en Europa, porque la ansiedad, como las cocacolas o las zapatillas, siempre termina exportándose. Un informe reciente alertaba en el Reino Unido de que el 83% de los jóvenes se confesaba insatisfecho y que el 34% decía padecer niveles medios o altos de ansiedad.
La falta de datos del Ministerio de Salud hace complicado establecer con exactitud cuántas personas la sufren en Buenos Aires. Pero las estadísticas disponibles de la Organización Mundial de la Salud (OMS), apuntan a un rango de entre el 5% y el 10% de la población, con más afectados entre las féminas.

Los primos de la ansiedad: agorafobia, claustrofobia y TOC (trastorno obsesivo compulsivo) también están creciendo en los diagnósticos clínicos en hospitales y clínicas de la Ciudad.
Es que la aceleración, el estrés, la competitividad y las enormes expectativas y la frustración de no alcanzarlas azuzan el malestar. Y el hedonismo, que ha llegado para quedarse. Una sociedad que quiere disfrutar, que sólo aspira a disfrutar. Sobre todo una sociedad, como apunta la psicóloga Nuria Ferro del Equipo Multidisciplinario Internacional de la ONG Bullying Sin Fronteras, en la que no deseamos que haya emociones negativas, en la que se ha vendido, la idea de la felicidad, de que en la vida no podemos sufrir diferentes episodios o fases negativas.
Llegamos a un punto en el que lo que se intenta es huir de cualquier tipo de problema de una manera superficial. No entendemos ni asumimos las frustraciones y lo queremos resolver todo con una pastilla.
La ansiedad la provocan nuestros propios pensamientos. Y estos no tienen por qué ajustarse a la realidad. Ni siquiera es un trastorno nuevo, una dolencia que haya surgido con el progreso. Ya aparecía reflejada en los escritos de Hipócrates y sus discípulos, durante décadas se habló de ella metida en otras categorías, como fobias, y ya se sabe que es lo mismo que aquella sensación tan existencialista del terror filosófico ante el vacío de la angustia. Sólo que no necesitamos ponernos en esa coyuntura para sufrirla.
La ansiedad no llega únicamente cuando tratamos de averiguar qué lugar ocupamos en el universo. También parece cuando se rompe una relación y nos sentimos aislados aunque no lo estemos. Cuando perdemos un trabajo. Cuando discutimos con alguien. Cuando sufrimos pánico escénico. Etc.

Ansiedad día 1:
Un paciente con episodios de ansiedad acudirá al médico de cabecera, que en una consulta de apenas cinco minutos le va a recetar un ansiolítico y listo el pollo. O en algunos contados casos, puede llegar a derivarlo a Psiquiatría y a una lista de espera de meses. En el estudio que realizó la ONG Internacional Bullying Sin Fronteras, pudieron estimar cómo cambiaba la ecuación al introducir más psicólogos en la atención primaria, comprobando que hay un índice de recuperación del 70% frente al del tratamiento habitual con pastillas, que es del 30%.

Salidas naturales para la ansiedad que superan al alprazolam:
La búsqueda de alternativas a los fármacos o de complementos, así como el aumento de estos trastornos, ha propiciado el auge de otros métodos para combatir la ansiedad. Ejercicios como el yoga, técnicas como la meditación o las prácticas que tienen que ver con ese concepto del mindfulness de cuidar la mente como ya se sabe desde hace años que hay que cuidar el cuerpo, han atraído también la atención sobre la ansiedad. Sin embargo, ante el silencio oficial, los casos se siguen sumando.

Ansiedad. 
La enfermedad mental número uno en Buenos Aires.

Equipo Multidisciplinario Internacional.
ONG Bullying Sin Fronteras.

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