domingo, 7 de enero de 2018

Suicidio por Bullying en España. El caso de Lucía.

Lucía junto a María de los Peligros  Menárguez y Joaquín García, sus padres en su fiesta de 13 años.
In Memoriam.
"Un día Lucía le dijo a María de los Peligros en Murcia, España:

'Mamá, no quiero seguir viva'. Eso fue meses antes de tomar la decisión que terminaría con su vida, pero el proceso de destrucción de la personalidad perpetrado por varios de sus compañeros de escuela había empezado mucho antes. Este 10 de enero de 2018 se cumplen 365 días del suicidio de la chica de Murcia (en el sur de la Península Ibérica).
Ella durante meses sufrió en silencio un terrible acoso escolar por parte de sus compañeros, dos de ellos en forma particular. Éstos últimos fueron suspendidos por uno y cinco días. Obviamente pasado el exiguo plazo de suspensión se reincorporaron a clases en el mismo grado que Lucía y entonces, según los tostigos, el bullying se renovó con mayor dureza. Las autoridades escolares y los responsables políticos de la educación nada hicieron para evitar la tragedia. Lucía es una más de las 300 víctimas anuales que en América Latina y España produce ese monstruo cotidiano llamado bullying o acoso escolar al que he tomado la decisión personal de denominar como la Epidemia del Siglo XXI".

Dr. Javier Miglino. Fundador de Bullying Sin Fronteras.

El día 10 de enero de 2017 Lucía decidió acabar con el sufrimiento que llevaba dentro por culpa de dos compañeros de instituto que durante meses se rieron de ella, le pegaron y le insultaron. 
Le decían gorda, lechosa, fea. Otras veces le clavaban lápices en la espalda o le daban codazos en el estómago.
El último día de Lucia:
Por la mañana, Lucía había participado en una terapia de grupo con otros niños que habían vivido intentos de suicidio. Sólo unas horas después, la niña, de 13 años, aprovechó el rato en el que su madre echaba la siesta en el sofá del comedor: tomó una soga que había en su casa y se ahorcó en su cuarto.
Aquella tarde, Lucía, tras hacer los deberes, le dijo a su madre que se iba a probar ropa para el próximo salón de manga al que quería ir. María de los Peligros, su progenitora, había llegado de compras, se recostó un rato después de recoger la mesa. Cuando despertó había un inusual silencio en toda la casa. Creyó que Lucía dormía y por eso se acerco a su habitación. Ingreso en el cuarto de la adolescente y se encontró a su hija muerta. Lucía aún llevaba puestos los auriculares con los que siempre escuchaba música.
La casa en la que ahora residen los padres de Lucía está llena de recuerdos de la menor: fotos, su ropa, sus libros...
Los recuerdos de Lucía están por toda la casa.

Tiempo atrás el bullying había desencadenado un episodio en Lucía:
Cuatro meses y medio antes, el 29 de agosto 2016, Lucía intentó quitarse la vida. En ese momento y aprovechando que se encontraba sola en casa mientras sus padres trabajaban, se tomó un frasco de medicamentos. Cuando notó el efecto se asustó e intentó ducharse para despabilarse. Pero cayó y se partió el labio. La encontró desplomada su tía, a la que su madre había llamado alertada porque la chica no atendía el teléfono móvil ni el fijo de la casa. Aquella vez la salvaron los médicos. Más tarde y cuando el bullying se había vuelto insoportable, Lucía hizo un segundo intento de quitarse la vida y ya nada pudieron hacer por ella.
Un terrible aniversario. El bullying vuelve a matar:
Este miércoles 10 de enero se cumple un año del fallecimiento de Lucía. Es el último caso certificado de bullying mortal en España. La chica vivía con sus padres en Murcia, donde según el estudio anual de Bullying Sin Fronteras se acumulan el  10% de todos los casos de bullying del país. Junto con Andalucía es la región que registra las cifras más altas de toda la Península Ibérica.

La vida sin vida de los padres de Lucía sin Lucia:


La casa donde viven los padres de Lucía ya no es la misma en la que vivían hace un año. Por aquel entonces residían en Aljucer, en la periferia de Murcia. Ahora el matrimonio se ha mudado a un inmueble a 50 kilómetros de allí, cerca de la playa, donde nada, ni la habitación de la niña, los rostros conocidos de la calle o el autobús en el que su hija iba a clase les recuerden la peor experiencia de sus vidas. 
María Peligros y Joaquín visten de negro un año después. Tienen 57 y 54 años, respectivamente. La madre de Lucía está en tratamiento psicológico y psiquiátrico desde que se suicidó su chica. Ha solicitado la baja laboral por licencia clínica desde el verano de 2016, cuando su hija intentó quitarse la vida por primera vez.
Joaquín, que no es el padre biológico de Lucía pero la crió desde pequeña tras casarse con María Peligros, ha vuelto a su antiguo empleo como contable en una empresa de distribución de frutas. Cada 15 días, el matrimonio acude a terapia de duelo con otros padres que han perdido a sus hijos de forma idéntica. Todos tenían hijos mayores que Lucía.
“Ahora es vivir sin vivir. Respirar de forma automática. El dolor de perder a una hija por culpa de dos chiquillos es…”, dice María Peligros sin poder terminar la frase.
Tras el suicidio de Lucía, sus padres comenzaron a ir a una terapia de duelo con otras familias que han perdido hijos en idénticas circunstancias.
Los recuerdos de Lucía.

Cronología de la tragedia:
Especial para padres cuyos hijos son víctimas de bullying:

Abril de 2016: Lucía dice "basta" y lo cuenta todo:

Los problemas de Lucía comenzaron en el instituto Juan de la Cierva, coincidiendo con su primer curso de la educación secundaria. Desde los primeros días de clase dos compañeros empezaron a acosarla: se reían de ella por su aspecto, le insultaban y le pegaban mientras la mayoría del resto de chicos se reía y festejaba la gracia del hostigamiento. Lucía se sentía apartada, discriminada, sola.
Su tutora se percató de ello y, poco antes de la Navidad de 2015, lo advirtió a la dirección del centro, que se ocupó de hacer nada al respecto. Poco después esa profesora se dio de baja por maternidad y su sustituto no volvió a ocuparse del tema con lo que el acoso escolar o bullying que sufría Lucía, simplemente recrudeció.
Llegó 2017 y Lucía se reincorporó a las clases tras el año nuevo, pero nada cambió. Aquellos dos chicos acosadores que la molestaban desde el primer día no sólo la acosaban durante las horas lectivas, también lo hacían en el autobús en el que iban hasta el instituto juntos. Le insultaban por su físico. Le pegaban. En voz alta se preguntaban: 
“¿Quién va a querer sentarse con una gorda? Pero si das verguenza”.
Lucía explotó en abril de 2016. No aguantaba más. Una tarde, su madre le propuso salir a dar una vuelta juntas. Ella, al principio, se mostró contenta. A la media hora cambió de opinión. María Peligros le preguntó qué le pasaba. La niña se derrumbó y contó la tortura cotidiana que padecía en la escuela.
Sus padres acudieron de inmediato al instituto. La jefa de estudios suspendió a uno de sus acosadores durante cinco días. Al otro apenas lo amonestó con un día en su casa. No tomaron otra medida. Obviamente transcurridos los días de suspensión los chicos volvieron a clases "recargados" por la impunidad de sus actos y no solo el bullying se agravó sino que apareció su primo maligno el ciberbullying o acoso en las redes sociales e Internet porque entonces los maltratadores comenzaron a tomarle fotos a Lucía para amenazarla con subirlas a las redes sociales para que el escarnio sea mayor. Por ese tiempo Lucía ya había dejado de comer el almuerzo con los demás y apenas se relacionaba con el resto de la clase.

Cambio de escuela 20 días antes de acabar el curso:


María de los Peligros y Joaquín volvieron a presentarse en el instituto de su hija. Como no cesaba el acoso, solicitaron el cambio de centro a la Consejería de Educación de la Región de Murcia. A regañadientes, el Gobierno regional aceptó. Lucía, a falta de 20 días para terminar el curso, se matriculó en el el instituto Licenciado Francisco Cascales.
Fue una liberación para ella. 
Era otra. 
La chica admitió que estaba mucho mejor.
María de los Peligros. Mamá de Lucía.
“Fíjate como llegó allí de mal que hasta le sorprendió que una niña le dijera que se sentara junto a ella el primer día de clase”.
Joaquín. Padre de Lucía.
Llegó el verano y Lucía, aparentemente, siguió mejorando. Disfrutó de las vacaciones con sus padres, viajó, jugó con sus primos. Pero el 29 de agosto todo cambió. Quedaban menos de dos semanas para el inicio del nuevo curso y la niña, nacida el 2 de octubre de 2003, intentó quitarse la vida por primera vez. Tomó medicación aprovechando que estaba sola en casa porque sus padres se acababan de reincorporar a su puesto de trabajo.
“Yo la vigilaba muchísimo. La llamé desde mi trabajo -el supermercado Eroski- y no me cogió el teléfono. Llamé a mis dos hermanas. Cuando llegó una de ellas a mi casa la encontró inconsciente en el baño. Tenía el labio partido. Había intentado despejarse con el agua de la ducha, pero no sirvió para nada”.
María de los Peligros. Mamá de Lucía.
Los recuerdos de Lucía llenan la casa de sus padres, que tuvieron que mudarse de su antigua residencia tras la muerte de la niña.
Tras ingresar en el hospital, los médicos no sabían si Lucía iba a aguantar las siguientes 48 horas. Al final, lo hizo y fue recobrando el conocimiento poco a poco. Estuvo una semana hospitalizada. Los primeros dos días, en la unidad de terapia intensiva.
“No quería hablar de nada de lo ocurrido”, recuerda su madre.
“Sólo llegó a decirme: 'Mamá, no quería seguir viva. Llegué a creerme lo que me decían, sentía asco de mí misma”.
María de los Peligros. Mamá de Lucía.
Después del primer intento de suicidio, Lucía incrementó la frecuencia de sus visitas al psicólogo y empezó a participar en una terapia de grupo con chicos que también habían intentado quitarse la vida. A ojos de sus padres parecía que mejoraba: con el inicio del curso escolar en su nuevo instituto hizo nuevas amistades y los fines de semana quedaba con chavales a los que, como a ella, también les gustaba el manga… 
Estaba feliz”, dice su madre.

Una carta en la que volvía a pensar en el suicidio:


En apariencia, Lucía parecía dejar atrás los fantasmas del pasado. Aunque la psicóloga que la trataba no conseguía que se abriera y le contara lo sucedido el último verano, la niña escribía sus sentimientos y pensamientos en una especie de diario que ambas compartían.
Fachada del instituto en el que Lucía sufrió acoso escolar durante meses por parte de dos compañeros.
Instituto Juan de la Cierva en el que Lucía sufrió bullying o acoso escolar durante meses por parte de dos de sus compañeros que hoy siguen impunes.

La nota:
Pero el 21 de diciembre de 2016, el último día del curso antes de las vacaciones de Navidad, la limpiadora de su instituto encontró una hoja suelta en el pupitre de Lucía. Parecía arrancada de ese diario. En ella volvía a hablar de sus intenciones suicidas. El daño seguía ahí, aunque no lo mostraba.
Lucía pasó las navidades en familia. Disfrutó de los festejos de Año Nuevo en un hotel junto a sus padres, algunos familiares y varios amigos de la familia. Cuando su madre le preguntó qué quería de regalo para el día de Reyes, ella respondió con algo inmaterial: 
“Sólo quiero ser feliz, mamá. No me hace falta nada más”. 
Al final, sus padres le regalaron una cadenita y una remera con el personaje de uno de sus cómics favoritos.
El 9 de enero Lucía retomó las clases. A la mañana del día siguiente su madre la sacó del instituto para acudir a la terapia de grupo. Por la tarde, tras despedirse de su padre al marcharse al trabajo y decirle a su madre que se iba a probar la ropa para el próximo salón de manga, se quitó la vida dentro de su habitación. No podía más. El daño provocado por el acoso de esos dos compañeros del Instituto Juan de la Cierva y la complicidad del resto del grupo escolar e incluso de las autoridades escolares, la llevaron a quitarse la vida.

Ni hubo disculpa alguna ni pedido de perdón:


Tras la muerte de Lucía, la Fiscalía de Menores asumió el caso. Se acabó archivando porque los acosadores de la niña eran menores de 14 años y, por tanto, inimputables. La magistrada del juzgado número 9 de Murcia decidió reabrirlo un mes después en base a la investigación realizada por el Grupo de Menores (GRUME) de la Policía Nacional.
En su posterior sentencia señaló que se habían hecho mal las cosas en su antiguo instituto, que el protocolo de actuación falló, pero reconoció que no había ninguna persona física a la que inculpar por la muerte de Lucía.
La Consejería de Educación de Murcia cerró el caso con una amonestación a la jefa de estudios del instituto Cascales. Ella era quien suspendió a los dos chicos acosadores y quien atendió en varias ocasiones a los padres de la menor. Pero no hizo nada más. Lo poco o mucho que hiciera le valió para no ser imputada por la muerte de Lucía.
Ahora, a los padres de la menor muerta sólo les queda la opción de recurrir a la vía administrativa. 
“Nos quieren dar dinero y callarnos. Pero nuestra hija no tiene precio. Ya veremos qué hacemos. Ellos -los acosadores de mi hija- sí tienen derechos. Pero, ¿dónde se quedaron los de Lucía? Por eso pensamos que la Ley del Menor debería modificarse”. 
María de los Milagros. Joaquín. Padres de Lucía.
A la despedida de Lucía en el tanatorio sólo fue la profesora de música del instituto donde comenzó a sufrir bullying. Los padres no recibieron ni una sola llamada de nadie más de aquel centro preguntando por cómo estaban. Tampoco les pidieron perdón por no actuar antes. Ni siquiera les dieron el pésame. 
“Yo no culpo a los profesores de aquel instituto, lo que hizo mi hija fue por aquellos dos individuos, ¡pero con solo una llamada nos hubiesen aliviado tanto!”.
María Peligros. Mamá de Lucía.

Su última carta: 12 días antes de suicidarse:

Doce días antes de quitarse la vida, Lucía escribió en un hoja de libreta unas reflexiones a modo de balance del año. Tenía fecha de 29 de diciembre de 2016. Su madre la encontró después de su muerte, mirando entre los cajones de su habitación en busca de respuestas a su dolor.
Aquella carta que sonaba a despedida decía así: “(…) 
De siempre he dicho que mi vida es como una montaña rusa, nunca sé por dónde va a ir. En mi instituto no tenía a nadie, sólo me hablaban para insultarme (…) Empecé a odiarme a mí misma (…) Llegó el 29 de agosto y todo fue oscuro -fecha de su primer intento de suicidio-. Debido a lo que pasó pude olvidar a gente que nunca debió estar en mi vida. Llegué a mi nuevo instituto y aparecieron Yessi y Thais. Os quiero. (…) No quiero acabar sin mencionar a mi familia, los cuales me aguantan y me apoyan día tras día. Os quiero. Gracias a todos, espero poder teneros este 2017 a mi lado. Feliz año nuevo”.
Lucía.
Reproducción del escrito de Lucía encontrado por su madre días después del suicidio de la niña.
Reproducción del escrito de Lucía encontrado por su madre días después del suicidio de la chica.
Lucía se suicidó dos días después de retomar las clases. Su madre, pese al cambio de residencia, aún guarda sus libros, sus compactos de música e incluso su remera preferida en una habitación que nunca fue suya pero que ahora, dice María Peligros, quizás la habite su alma.


Reconocimiento: María de los Peligros Menárguez. Joaquín García.




Lucía. (2004/2017). In Memoriam.

ONG INTERNACIONAL BULLYING SIN FRONTERAS

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