El futbol necesita rivales pero la propaganda necesita enemigos.


Dr. Javier Miglino
Director del Consorcio Internacional de Periodistas JMH

An article published this Sunday by El País, titled "Football, Between Civilization and Barbarism," chose one of the most historically charged dichotomies in Western thought to interpret the World Cup final between Spain and Argentina. 

Un artículo publicado este domingo por El País, bajo el título “Fútbol, entre civilización y barbarie”, eligió una de las dicotomías más cargadas de la historia occidental para interpretar la final del Mundial entre España y Argentina. No se trató solamente de una crónica deportiva ni de un análisis de incidentes puntuales: el texto desplazó el eje desde los hechos hacia una caracterización cultural que asocia a un país con la “barbarie”.

La elección de ese marco narrativo no es inocente. En el fútbol, los equipos necesitan rivales; en la propaganda, las audiencias necesitan enemigos. Cuando un medio de alcance masivo deja de describir conductas individuales y comienza a hablar en términos de civilización y barbarie, ya no está informando únicamente sobre un partido: está construyendo una frontera moral entre “nosotros” y “ellos”.

Ese mecanismo es conocido en la historia política y mediática. La exageración de episodios reales, la selección de imágenes de violencia y la repetición de categorías deshumanizantes permiten transformar una rivalidad deportiva en un relato identitario. El adversario deja de ser un seleccionado y pasa a convertirse en un símbolo de aquello que debe ser rechazado.

En ese contexto, la referencia a la “barbarie” aplicada al entorno argentino excede largamente la crítica futbolística. Introduce una lectura cultural que presenta a los argentinos no como competidores circunstanciales, sino como representantes de un comportamiento supuestamente incompatible con los valores de la “civilización”. Ese salto semántico es el que convierte una cobertura deportiva en un discurso potencialmente estigmatizante.

Los medios tienen derecho a criticar la violencia en el fútbol. Lo que resulta más controvertido es cuando la crítica adopta un lenguaje que históricamente fue utilizado para señalar pueblos enteros como inferiores, irracionales o peligrosos. Allí la información corre el riesgo de convertirse en un instrumento de polarización.

El futbol necesita rivales; la propaganda necesita enemigos.

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An article published this Sunday by El País, titled "Football, Between Civilization and Barbarism," chose one of the most historically charged dichotomies in Western thought to interpret the World Cup final between Spain and Argentina. It was more than a sports report or an analysis of isolated incidents: the piece shifted the focus from specific events to a cultural characterization that associates an entire country with the notion of "barbarism."