Festival de Venecia 2026: Bullying, Suicidio adolescente y Derechos Humanos en la pantalla.

Sydney Swenney

Organización Mundial Bullying Sin Fronteras / World Organization Bullying Whitout Borders

VENECIA, Septiembre 12 — La 83ª Mostra de Venecia llega este sábado a su final después de diez días en los que el glamour de las estrellas convivió con algo mucho más incómodo: películas que hablaron de guerra, desigualdad, poder, tecnología, desplazamiento, violencia y una sociedad cada vez más difícil de entender.
VENICE, Sept. 12 —The 83rd Venice Film Festival reaches its finale on Saturday after 10 days in which the glamour of the stars shared the spotlight with something far less comfortable: films about war, inequality, power, technology, displacement, violence and a society that is becoming increasingly difficult to understand.
El festival, uno de los grandes escenarios del cine mundial, volvió a reunir a George Clooney, Ellen Burstyn, Penélope Cruz, Javier Bardem y Robert Pattinson, entre otras figuras. Pero esta vez fueron las historias —y no solamente sus protagonistas— las que ocuparon el centro de la escena.

El León de Oro será decidido por un jurado presidido por la actriz y directora estadounidense Maggie Gyllenhaal, que deberá elegir entre una competencia marcada por películas de fuerte contenido político y social. 

Entre las grandes protagonistas de los últimos días apareció NAZA, el documental de Rachel Szor y Yuval Abraham sobre la guerra de Gaza, que recibió una ovación de unos 25 minutos y quedó instalado entre los principales candidatos al máximo premio.
La recepción convirtió a la película en uno de los acontecimientos de esta edición. El filme aborda el funcionamiento de unidades de inteligencia israelíes y las consecuencias de sus operaciones durante la guerra de Gaza.

Wild Horse Nine, de Martin McDonagh, llegó a la recta final respaldada por la crítica y por las actuaciones de John Malkovich y Sam Rockwell. Possible Love, del surcoreano Lee Chang-dong, fue otro de los títulos que ganó fuerza entre los especialistas, mientras que Look Back, de Hirokazu Kore-eda, y Woman Unknown, de May el-Toukhy, completaron una competencia especialmente diversa.
 
El cine de estrellas tuvo uno de sus momentos más comentados con Bunker, de Florian Zeller, protagonizada por Javier Bardem y Penélope Cruz.
La película recibió una ovación de aproximadamente 16 minutos. Pero más allá de las celebridades, el filme utiliza la imagen de un refugio de lujo para hablar de aislamiento, paranoia y la distancia cada vez mayor entre las élites y el resto de la sociedad. 
La pareja española llegó a Venecia además en un momento particular de sus carreras: ambos parecen privilegiar proyectos personales y personajes complejos antes que producciones diseñadas solamente para el gran mercado.

Pattinson y el regreso de las conversaciones sobre los Oscar

Robert Pattinson también dejó su marca con Primetime, de Lance Oppenheim, una película relacionada con el controvertido universo del programa estadounidense To Catch a Predator.
Su actuación comenzó a colocarlo entre los nombres que podrían ganar espacio en la temporada de premios estadounidense. Venecia, como ocurre habitualmente, volvió a funcionar como una de las primeras estaciones de la carrera hacia los Oscar.

El festival también miró hacia atrás.

George Clooney recibió el León de Oro a la trayectoria durante la ceremonia de apertura, mientras que Ellen Burstyn, a los 93 años, recibió el mismo reconocimiento por su carrera durante la segunda semana del festival. 
La presencia de Burstyn resultó especialmente simbólica: una actriz con más de seis décadas de carrera que continúa trabajando como protagonista.
Venecia, en ese sentido, volvió a demostrar que puede celebrar simultáneamente a las nuevas voces y a quienes construyeron la historia del cine.

El cine también salió de la pantalla

Uno de los cambios más interesantes de esta edición ocurrió lejos de las grandes salas.
Venice Immersive, la sección dedicada a realidad extendida y nuevas formas narrativas, cumplió diez años con 68 instalaciones. Entre ellas hubo obras relacionadas con los incendios de Los Ángeles, el desplazamiento de comunidades palestinas en Cisjordania y la crisis climática.
El festival está mostrando así que el cine ya no termina necesariamente cuando se encienden las luces de una sala: también puede ser una experiencia interactiva, digital e inmersiva. 

Una Mostra menos cómoda

Quizá esa sea la imagen que mejor define a Venecia 2026.
El festival mantuvo las fotografías de las estrellas, los vestidos, los barcos y las fiestas sobre el Gran Canal. Pero debajo de esa postal apareció una pregunta mucho más seria: ¿qué puede hacer el cine cuando el mundo que intenta representar está atravesado por guerras, desigualdad, miedo y cambios tecnológicos acelerados?

ENGLISH

VENICE, Sept. 12 —The 83rd Venice Film Festival reaches its finale on Saturday after 10 days in which the glamour of the stars shared the spotlight with something far less comfortable: films about war, inequality, power, technology, displacement, violence and a society that is becoming increasingly difficult to understand.

One of world cinema's major stages once again brought together George Clooney, Ellen Burstyn, Penélope Cruz, Javier Bardem and Robert Pattinson, among other stars. But this time, it was the stories — not only their stars — that occupied center stage.

The Golden Lion will be decided by a jury chaired by U.S. actress and filmmaker Maggie Gyllenhaal, who faces a competition marked by films with strong political and social themes. 
One of the festival's biggest stories was NAZA, Rachel Szor and Yuval Abraham's documentary about the Gaza war. It received an approximately 25-minute standing ovation and emerged as one of the leading contenders for the top prize.
The response turned the film into one of the defining events of this year's festival. The documentary examines Israeli intelligence units and the consequences of their operations during the Gaza war. 

Martin McDonagh's Wild Horse Nine entered the final stretch with strong critical support and performances by John Malkovich and Sam Rockwell. South Korean director Lee Chang-dong's Possible Love also gained momentum among critics, while Hirokazu Kore-eda's Look Back and May el-Toukhy's 
Woman Unknown added to an unusually diverse competition. 

The starriest moments included Bunker, Florian Zeller's film starring Javier Bardem and Penélope Cruz.
The movie received an approximately 16-minute standing ovation. But beyond the celebrity factor, it uses the image of a luxury bunker to explore isolation, paranoia and the growing distance between elites and the rest of society. 
The Spanish actors also arrived in Venice at an important point in their careers, appearing increasingly drawn to personal projects and complex characters rather than productions designed simply for the mass market.

Robert Pattinson also made an impression with Primetime, directed by Lance Oppenheim and connected to the controversial world of the U.S. television program To Catch a Predator.
His performance has begun putting him among the names likely to attract attention during the American awards season. Venice, as usual, has once again served as one of the first stops on the road to the Oscars.

George Clooney received the Golden Lion for Lifetime Achievement during the opening ceremony, while 93-year-old Ellen Burstyn received the same career honor during the second week of the festival. 
Burstyn's presence was particularly symbolic: an actress with more than six decades in cinema who continues to work as a leading performer.
In that sense, Venice once again showed that it can celebrate both emerging voices and the artists who helped build film history.

One of the most interesting developments took place away from the festival's traditional theaters.

Venice Immersive, the section devoted to extended reality and new forms of storytelling, celebrated its 10th anniversary with 68 installations. They included works dealing with the Los Angeles wildfires, the displacement of Palestinian communities in the West Bank and the climate crisis.
The festival is showing that cinema does not necessarily end when the lights come back on: it can also become an interactive, digital and immersive experience. 

FRANÇAIS

VENISE, 12 septembre —La 83e Mostra de Venise s'achève samedi après dix jours durant lesquels le glamour des stars a partagé la scène avec quelque chose de beaucoup moins confortable : des films consacrés à la guerre, aux inégalités, au pouvoir, à la technologie, aux déplacements de populations, à la violence et à une société de plus en plus difficile à comprendre.

L'un des grands rendez-vous du cinéma mondial a une nouvelle fois réuni George Clooney, Ellen Burstyn, Penélope Cruz, Javier Bardem et Robert Pattinson, entre autres stars. Mais cette année, ce sont les histoires — et pas seulement ceux qui les interprètent — qui ont occupé le devant de la scène.

Le Lion d'or sera attribué par un jury présidé par l'actrice et réalisatrice américaine Maggie Gyllenhaal, face à une compétition marquée par des films aux thèmes politiques et sociaux très forts.
 
L'un des événements majeurs de la Mostra a été NAZA, le documentaire de Rachel Szor et Yuval Abraham consacré à la guerre à Gaza. Le film a reçu une ovation d'environ 25 minutes et s'est imposé parmi les principaux prétendants au Lion d'or.
L'accueil réservé au film en a fait l'un des événements majeurs de cette édition. Le documentaire s'intéresse au fonctionnement des unités de renseignement israéliennes et aux conséquences de leurs opérations pendant la guerre à Gaza. 
Mais Venise n'a pas parlé uniquement de Gaza.

Wild Horse Nine, de Martin McDonagh, est arrivé dans la dernière ligne droite avec le soutien d'une partie importante de la critique et des prestations remarquées de John Malkovich et Sam Rockwell. Possible Love, du réalisateur sud-coréen Lee Chang-dong, a également gagné du terrain auprès des critiques, tandis que Look Back, de Hirokazu Kore-eda, et Woman Unknown, de May el-Toukhy, ont contribué à une compétition particulièrement diverse. 
Le cinéma de stars a connu l'un de ses moments les plus commentés avec Bunker, de Florian Zeller, avec Javier Bardem et Penélope Cruz.
Le film a reçu une ovation d'environ 16 minutes. Mais au-delà des célébrités, il utilise l'image d'un bunker de luxe pour explorer l'isolement, la paranoïa et la distance croissante entre les élites et le reste de la société. 
Les deux acteurs espagnols sont également arrivés à Venise à un moment particulier de leur carrière, semblant privilégier les projets personnels et les personnages complexes plutôt que les productions conçues uniquement pour le grand marché.

Robert Pattinson a lui aussi marqué la Mostra avec Primetime, réalisé par Lance Oppenheim et inspiré de l'univers controversé de l'émission américaine To Catch a Predator.
Sa prestation commence à attirer l'attention dans la perspective de la saison des récompenses américaines. Comme souvent, Venise a ainsi joué son rôle de première grande étape sur la route des Oscars.

Le festival a également regardé vers son propre passé.

George Clooney a reçu le Lion d'or pour l'ensemble de sa carrière lors de la cérémonie d'ouverture, tandis qu'Ellen Burstyn, âgée de 93 ans, a reçu la même distinction au cours de la deuxième semaine de la Mostra. 
La présence d'Ellen Burstyn avait une portée particulière : une actrice dont la carrière s'étend sur plus de six décennies et qui continue à tenir des rôles majeurs.
Venise a ainsi montré une nouvelle fois qu'elle pouvait célébrer à la fois les nouvelles voix du cinéma et celles qui ont contribué à en construire l'histoire.

Le cinéma sort de l'écran

L'un des aspects les plus intéressants de cette édition s'est déroulé loin des salles traditionnelles.
Venice Immersive, la section consacrée à la réalité étendue et aux nouvelles formes de narration, a célébré son dixième anniversaire avec 68 installations. Certaines abordaient les incendies de Los Angeles, le déplacement de populations palestiniennes en Cisjordanie ou encore la crise climatique.
La Mostra montre ainsi que le cinéma ne s'arrête plus nécessairement lorsque les lumières se rallument : il peut aussi devenir une expérience interactive, numérique et immersive. 




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