PESHAWAR, PAKISTÁN — 15 de octubre de 2026 — ORGANIZACIÓN MUNDIAL BULLYING SIN FRONTERAS (BSF)
Al menos 35 personas, entre ellas 34 niños y una docente, murieron este jueves cuando el techo de una escuela privada se derrumbó durante las clases en Peshawar, en el noroeste de Pakistán. Más de 50 personas resultaron heridas, algunas de ellas de gravedad, según los reportes difundidos por Reuters y Associated Press.
La tragedia ocurrió en el Al-Khair Education Center, donde los alumnos se encontraban en sus aulas cuando cedió la estructura de un nivel superior y los techos de los pisos inferiores se desplomaron sobre ellos.
La mayoría de los niños fallecidos tenía menos de 13 años. Eran estudiantes que habían llegado a la escuela para aprender, compartir con sus compañeros y construir un futuro. Sus familias terminaron enfrentándose a una de las noticias más devastadoras que puede recibir un padre o una madre.
Mientras los equipos de emergencia retiraban los escombros, familiares y vecinos se congregaron en las inmediaciones del establecimiento en busca de información sobre sus hijos. Los rescatistas trabajaron durante horas para auxiliar a los heridos y recuperar a quienes habían quedado atrapados.
LA ESCUELA DEBE SER UN LUGAR SEGURO
Las primeras declaraciones de las autoridades apuntaron a la debilidad de la estructura del edificio. El jefe de la policía de Peshawar afirmó que el techo soportaba una carga excesiva sobre una construcción vulnerable.
El propietario del establecimiento fue detenido y se abrió una investigación para determinar las causas del derrumbe y establecer las eventuales responsabilidades.
La investigación deberá esclarecer si existían advertencias previas sobre el estado del edificio, qué controles se habían realizado, si se respetaron las normas de construcción y quiénes tenían la obligación de garantizar la seguridad de los alumnos.
LA SEGURIDAD ESCOLAR ES UN DERECHO DE LA INFANCIA
En Pakistán, los derrumbes de edificios vinculados a deficiencias constructivas y al incumplimiento de normas de seguridad constituyen una preocupación recurrente. En junio de 2026, otro derrumbe en un centro de enseñanza de Lahore también causó la muerte de niños, según los informes de prensa.
La repetición de tragedias de esta naturaleza obliga a examinar no solamente las causas de cada accidente, sino también los sistemas de prevención, inspección y supervisión que deberían impedirlos.
Una escuela no puede considerarse segura únicamente porque sus puertas estén abiertas y haya docentes impartiendo clases. La protección de los estudiantes también depende de la estabilidad de las instalaciones, la calidad de los materiales, el mantenimiento, las salidas de emergencia y la capacidad de responder ante una situación crítica.
La Convención sobre los Derechos del Niño establece el deber de proteger a los menores y de garantizar su bienestar. Ese principio exige que los gobiernos y las instituciones adopten medidas concretas para reducir los peligros que amenazan la vida y el desarrollo de la infancia.
BSF: LOS NIÑOS NO PUEDEN PAGAR EL PRECIO DE LA NEGLIGENCIA
Desde la Organización Mundial Bullying Sin Fronteras sostenemos que la protección de la infancia debe ser una responsabilidad prioritaria y permanente.
Nuestra labor se centra en la prevención del bullying y el ciberbullying, pero la defensa de los niños exige también reconocer las condiciones que les impiden vivir, aprender y desarrollarse en entornos seguros.
La violencia contra la infancia no se limita a las agresiones físicas, las humillaciones o el hostigamiento. La falta de prevención frente a peligros conocidos, cuando se demuestra que existieron incumplimientos y responsabilidades, también puede exponer a los menores a daños devastadores.
Por eso, BSF considera indispensable que la investigación de Peshawar sea rigurosa, transparente y capaz de determinar qué ocurrió, qué falló y qué medidas deben adoptarse para evitar una nueva tragedia.
No basta con expresar condolencias después de una catástrofe.

